viernes, 3 de abril de 2009

Exitus

I. En casa

Mira que eres desconsiderado. Hasta de tu propia muerte quieres ser el protagonista. ¿Por qué no te tomas esa pastilla que te ha traído el doctor? Sí, ya sé que es un prófugo de la Justicia, esas cosas horribles que se dicen de él, pero realmente, es tan amable... y me debía un favor. Claro, un favor sexual, qué otro tipo de favores iba a hacer yo, a cada uno lo que se le da bien. No me desvíes del tema, te conozco y quieres enredarme. A lo que iba. Me he comprado un traje muy apropiado para tu entierro, de la mejor lana. Ahora es todavía invierno, si te mueres dentro de unas semanas hará demasiado calor, no podré ni estrenarlo. ¿No me concederás este último capricho, tú que tantos me has dado? Te recuerdo al principio, obsesionado por complacerme... no me mires con pena, no me compadezcas, mírate tú en el espejo. Y deja de repetir esa monserga una y otra vez, como si fuera un mantra sagrado: “airridmachofdenaitandgousauzindegüinta”. Me pones nerviosa, me sacas de mis casillas. Voy a confirmar con Pilar si ya tiene los billetes a Fidji, sí, dentro de unos meses, cuando ya esté bien que consuele mi triste viudedad, fíjate lo que vas a estropear como tardes en morirte.

II. En el avión

- No, señorita, no quiero zumo. Tráigame su mejor whisky, ¿un reserva de doce años? Perfecto, aquí tiene la tarjeta... mucho hielo, sí, delicioso...
- ¿Que si tengo algo que celebrar? Eso creo, me apetecía en todo caso. Voy al sur, a sentir el sol en mi piel, huyendo de este frío que me encoge. ¿No es suficiente motivo de celebración? Claro, usted, los negocios, esos viajes relámpago a hoteles y oficinas, no le envidio, ni siquiera tendrá tiempo de conocer la playa, incompatible con ese portátil que lleva. No, yo me retiré de esa vida, sólo llevo un libro. Ligero de equipaje, ya sabe.

III. En el cementerio

- Sí, desolada, imagínate. Con lo que le quería.
- Llegó su hora, no se lo esperaban tan pronto, el cáncer, imprevisible, así mejor para él, no tuvo tiempo de sufrir.
- Tan rápido, ni tiempo he tenido de pensar que se iba, y eso que los médicos nos dieron esperanzas, también se equivocan, son humanos.
- No sé, ¿testamento, dices? Ahora no estoy para pensar en eso, mañana hablaré con mi abogado.
- Gracias por tus amables palabras, es un trajecito sin más, del fondo de armario.
- Ay, Pilar, por fin, rescátame de este mar de pésames, diles a todos que necesito descansar, lo que sea, sácame de aquí, que las carcajadas me suben por la garganta.

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