lunes, 22 de febrero de 2010

Salvamento y salvación

Quién, sino yo, puede arrancarme de este damero
de negros días y noches blancas.
Quién, mejor que yo, podría salvarme.

Nadie.

No basta un amigo, ni siquiera el del alma
para sacarme de esta celda cuyos barrotes
pulí con el mimo del condenado.
Día a día, encerrándome, aumentando la pena.
Pero mío es el poder y más tarde
sólo mía será la gloria.

No me hago caso, afuera hace frío, es de noche
y a ratos llueve.
Sólo unos versos deslavazados
para acunarme
esta noche.

miércoles, 30 de diciembre de 2009

Un diamante engastado en hojalata

Ambos viajaban mucho. Ella siempre en business, pagado por la compañía que la eligió directora general con tan pocos años. Él en la cabina de su camión de ruta internacional, decorada con pin-ups. Ella conocía al dedillo todos los museos de las grandes capitales europeas. Él, los polígonos industriales. Las amigas suponían que era un prodigio en la cama. Los amigos murmuraban "braguetazo" cuando no estaba presente. "Porque no os veis casi, por eso duráis tanto, hija mía". Ellos sólo decían "nada es eterno". Y se reían.

martes, 8 de diciembre de 2009

Duermevela


Cuando llega diciembre los árboles se desnudan al fin entre espejismos de luz

y tú me pides que haga lo mismo.


Cuando llega diciembre tus labios juegan a hacerme cosquillas y aunque

falta mucho para abril, me regalas todas las palabras.

Cuando llega diciembre la niebla ocupa todos los espacios y te oculta entre

sobras de sol, esqueletos grises caminando por la ciudad.

Cuando llega diciembre las piedras que amo se transforman en orgías de watios

que echaré de menos después.

Cuando llega diciembre el frío está fuera, chapoteando con la escarcha mientras

tú revoloteas en las sábanas calientes que acabo de abandonar.


Y por una vez me desnudo, me dejo llevar hacia ti y te cuento


todos los secretos que no has podido entrever antes de que llegara diciembre.

domingo, 6 de diciembre de 2009

Choque


¿Te he dicho ya que odio los coches plateados? Cuando el sol está bajo, se confunden con la carretera. No quedaban más colores en la agencia del aeropuerto. Así dijo el otro conductor, que no me vio, que el camino estaba libre para seguir acelerando, mientras yo trasteaba inútilmente con los mandos, buscando las luces. Vino entonces el estruendo de metal contra metal, y metal contra muro. No fue eso lo peor, ni el dolor ni la quemadura del airbag. Lo peor fue tener que girar el cuello hacia ese horrible silencio donde, segundos antes, reían los niños.

martes, 1 de diciembre de 2009

Contradicciones

Si pudiera vendarme los ojos y tropezar con los muebles, que sangre la rodilla y no el ánimo.

Si taparme los oídos sirviera para no escuchar palabras.

Si creyera que la Literatura puede salvarme la vida y que escribir hace algo más que empeorar mi túnel del carpo.

Si estuviera segura de que es la pasiva de ciertos verbos todo lo que necesito.

Si creyera en el Ratoncito Pérez y los Reyes Magos, esos impostores.

Entonces me diluiría en las certezas.

Y ya no sería.

jueves, 12 de noviembre de 2009

Blogosfera VII

Rebuscó en varias tiendas hasta encontrar la camiseta adecuada, compró cuatro. Preparó los rotuladores especiales, la tabla de planchar, las plantillas y las pruebas. Dos días antes tenía todo listo. Estaba segura de que sería la única oportunidad de cumplir su sueño, esa obra de teatro que él había jurado (en el blog, cierto), que no se perdería por nada del mundo y que sólo se representaría una vez.

Él salió del teatro sonriendo, incitando a sus acompañantes a rematar la noche en un bar de copas. Gin tonic en mano, dedicó unos segundos a preguntarse por qué aquella cuarentona que se llevó el Samur llevaba escrita en la camiseta la frase que servía de reluciente subtítulo en su blog.

viernes, 6 de noviembre de 2009

Inacabado (y así se quedó)

Desnudo pierdes todo tu aplomo
pero ganas mi mirada resbalando por tus muslos.
De tu silencio escapa la ironía, esas frases que inventas
cuando estás aburrido. Sin embargo, mis dedos
no pueden evitar el roce con tus labios cerrados.
Tumbado

jueves, 5 de noviembre de 2009

Celos retrospectivos

Después de las primeras relaciones, que se resistía a calificar de fracasos, ya sólo buscaba mujeres vírgenes. Era la primera pregunta que dirigía a las interesadas, y en caso negativo, también la última. Justificaba esa peculiaridad con alambicadas explicaciones pseudofilosófico-machistas, pero lo cierto es que en el minijardín de su adosado no cabía ni un cuerpo más.


Con el mismo título

- Qué bonito es juntar a toda la familia en Nochebuena.

- Abuelita, ¿me pasas otro langostino?

- Cuánto me alegro de que hayáis podido venir al fin. Sentiría que me falta un brazo sin mi hija. Toma la ensalada, Antonio. ¿Te encuentras bien? Tienes mala cara

- Ay mamá, si supieras lo que ha costado. A Javi no querían darle el día libre y yo no iba a venir sin él. Impensable, vamos.

- Se os ve muy enamorados. Cómo se nota que no lleváis ni un año de casados... Pablo, cómete de una vez ese langostino.

- Pues claro. Sólo he querido de verdad a un hombre antes que a él. Papá, ¿seguro que estás bien?

- ....

- ...el 112, rápido.

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http://www.%20midiario.blogspot.es/

24 de diciembre

Espléndida Nochebuena, casi se estropea al final. Un aneurisma salvó la cena.



miércoles, 5 de agosto de 2009

Sinónimos


Inútil
el torrente de palabras que me dedicas.
Las horas que empleas en escogerlas.
Los adjetivos que no me califican.

Inane
la manipulación de sentimientos.
La culpa, maldita culpa, en la que quieres ahogarme.
Los dogmas inamovibles y la imposición.

Fútil
mi imaginación. Los libros, las palabras bonitas.
Los días insulsos, las noches en vela levantando castillos.
El teclado, las olas que nunca me cubren.

Salvada
por las risas de mis niños. Una mirada, todavía alguna
palabra. Las cañas del otro día, una ilusión remota.
La brisa que entra por la ventana, ahora.

jueves, 30 de julio de 2009

Historias

Autofagia
Sus partes muertas alimentaban a las vivas. Y así crecía esplendoroso el narciso.

Dragones
Siempre había existido, desde que tenía memoria. Tenía el cuerpo gris con escamas negras y estaba seguro de que escupía fuego. Se alimentaba de palabras.

El escritor miró satisfecho la palabra FIN de su última novela, encargo para un premio. Abrió la enésima carta de su más fiel admiradora, un poema horrísono escrito con tinta morada. En vez de tirarlo a la basura como siempre, decidió dárselo en pedacitos a su iguana mascota, como había hecho con otras muchas páginas. Siempre presumía de que el bicho discriminaba entre la buena y la mala literatura. Una lástima que no tuviera estómago para la pésima.

Viaje
Alunizó desde el tren en esa ciudad en la que ninguna multitud esperaba para embeberlo. Completó la avenida en poco tiempo y llegó al lugar acordado, siempre con el maletín negro colgado de su muñeca gracias a unas esposas: la carga no había sufrido daños durante el transporte. Fue recorriendo la casona, habitación por habitación, siempre con el mismo ritual: “Doña Reidora, a ver esas patas de gallo” y sacaba la jeringa cargada de Botox. “Doña Refunfuñona, vamos a retocar ese código de barras”. Al día siguiente, se hacían fiestas para lucir las caras nuevas. Y el artífice volvía a casa con una sonrisa amarga “volveré…”

PS. Es posible que a alguien le suene la tercera historia. Apareció inicialmente como un comentario en un blog extinto, en una versión muy parecida a ésta. Me estoy plagiando a mí misma, pero no he encontrado ninguna buena razón para no hacerlo.

miércoles, 22 de julio de 2009

A un poema


Sólo
me comforta el aroma de un viejo poema.
Me pierdo en sus versos
me atrapa su cadencia.

Huyo
adonde nadie pueda herirme
adonde sólo haya palabras
a la tinta y las dobleces del papel.

Llega
la noche y con ella sus fantasmas
tan condenados como yo
a transformar el negro en blanco.

Amanece
el día cada vez menos día
con sus rituales inútiles
y la luz que se me escapa.

Mis ojos
viajan incansables

una y otra vez al viejo poema.
Por fin se cierran.

viernes, 10 de julio de 2009

Ausencias

Se ha ido la magia. Detrás de la cortina roja
el ilusionista
baja por fin las mangas arremangadas del traje
mil veces remendado. Recoge
la varita, los pañuelos, las palomas
que vuelven a ser ratas del aire,
los puñales sin filo,
la purpurina engañosa de los trucos.

El as de picas es sólo un naipe con las esquinas
marcadas.

Se ha ido la magia. Hundida en la butaca
echo de menos los instantes.
La sorpresa. Mi sonrisa.

Se han ido todos. Flota en el aire la desesperanza
y huyo.

Afuera del teatro espera el sol, la luna luego.
Pero ya no hay magia.

jueves, 2 de julio de 2009

Tiovivo



Cabalgan en vertical
negros alazanes de la ira
tordos impacientes de la rabia,
mulas grises del tedio.


Ausencias, llantos, añoranzas,
palabras vacías que se repiten
emociones demasiado llenas que inundan
a una velocidad inalcanzable.

Se quiebra el cortejo
con un improbable elefante de esperanza,
una jirafa de alegría.

Todos ellos girando, girando sin pausa
en este insomnio entreverado de pesadillas
al que llamo dormir.

lunes, 22 de junio de 2009

Entremezclados

Se machaba en el gimnasio tres días por semana y cuando lo permitían las reuniones de altísimo nivel a las que solía asistir.

Tenían esa cierta edad incierta en la que los bancos no suelen concederte hipotecas a treinta años.

Volvía al pueblo sólo para las fiestas, a presumir de moto y chavala primero, trabajo, mujer y cochazo después.

Juntaron sus días casi sin pretenderlo, por la fuerza de una costumbre ella, por la pereza de decir que no él. Lo que más les costó fue compartir cama, demasiados años sin rozar otro cuerpo.

Su madre preparaba un gran barreño de limonada y siempre era jornada de puertas abiertas esos días.

Firmaron un contrato “Nunca serás mío” “Nunca serás mía” y lo cumplieron siempre. Se sorprendieron un día, al contar los años que llevaban juntos.

Nunca entendió la mirada de desprecio de su padre cuando le echó de casa. Si sólo se había negado a llevar el barreño a la bodega, que su instructor le decía siempre que coger pesos era muy malo para la espalda.

Antiguos ateos de las parejas, pasaron primero por el agnosticismo y finalmente fueron los más furibundos conversos, de su culto privado.

Volvió a su ciudad sin una mirada atrás. Incluso se sintió aliviado de no tener que repetir rituales que su estatus actual despreciaba.

Al morir uno, el otro descubrió que no era el único que mentía.

miércoles, 17 de junio de 2009

Poema de amor fingido

Tengo fundidos en la retina tus rizos,
marcados con el fuego de esas noches.
Me recreo en un trocito de tu brazo, allí
donde aparece un hueco improbable.


Sigo el rastro de tu cuerpo en la cama
cuando ya la has abandonado.
Ese olor que ya he aprendido a asociarte,
el del perfume que llevas algunas veces.

Me acaricia tu voz grave, “Ven, cielo”,
tu risa alegre al chocarnos en el pasillo,
y esas sinfonías de palabras inútiles
que recitas por la tarde.

No puedo ni quiero impedirlo. Noto tu sabor,
salado en estos días pero también dulce como el chocolate,
deliciosamente amargo. Mil veces he recorrido
todos tus valles, saboreándote.

Las terminaciones nerviosas de mi piel te conocen.
Saben de tus texturas, dónde eres tan suave,
en qué recodo se ocultan montañas ásperas.
Se han licenciado en tu geografía.

Aunque no pueda verte ni oírte. Seguir tu olor
ni degustarte.
Aunque esté condenada a la anestesia.
Una certeza breve me atraviesa el pecho.

Te quiero. Me quieres. Todo está bien
en ese instante.

sábado, 13 de junio de 2009

Tres relatos poco creíbles



Azul
El pez que nació azul quiso desbancarse por completo de los suyos y hacerse visible, nadar solo. Pero apenas se veían dos ojillos grises destacando del fondo azul. Un viejo pulpo le habló del Mar Rojo y allá dirigió todas sus esperanzas, y media vida. Descubierto el engaño, recuperado de la frustración, fue al Mar Negro con menos alegría. Más de lo mismo. Incansable, cuando una ballena le habló del Mar Muerto, supo que tenía la solución. Ahí estaba el contraste buscado. Consiguió llegar, y su propósito. Seis minutos, exactamente.

Rojo
Sólo la sacaban de su brillante envoltorio una vez a la semana y sólo durante unos minutos. Hasta el último sábado: cansada de cercenar esos miserables pelillos, ella, que aspiraba a grandes hazañas, fue directa a la garganta del adolescente.


Amarillo

Había pedido una tutoría privada, a ver si entendía por fin qué era eso de la t de Student, imprescindible para su tesis al parecer. Su primera sorpresa fue la nueva decoración del despacho: jubilado el viejo ogro, una reproducción de “La vaca amarilla” ocupaba media pared; al bajar la vista, se encontró con la nueva profesora.

Empezó a explicarle las variables categóricas, a él se le cayó el lápiz cuando vio su dedo en la boca. Se agachó a recogerlo, enredado en la pata de la mesa, tuvo tiempo de sobra para observar qué no llevaba bajo el vestido, y dónde estaba ahora su mano. Cuando llegaron a Student, tiró el lápiz adrede para constatar que no había sido una alucinación. No lo era.

La siguiente sorpresa fue que el despacho tenía ahora sofá, donde se tumbó él con los pantalones en las rodillas, a recibir el castigo merecido por no haber hecho los deberes. Diez, palma sobre carne blanca, suaves. Después cambiaron de postura, arrugaron mucho la ropa, se sorprendieron del sabor salado, ansiaron más dedos para recorrer más piel. Descansaron al final sin separarse siquiera, hasta que la respiración volvió al ritmo normal.

El adiós fue sencillo. Aún tardaría mucho en terminar la tesis.

jueves, 11 de junio de 2009

Aritmética


Aspiramos, pobres idiotas, a la mentira.
A soñar con un aspa entre dos cuerpos.
A ser uno.


Y sin embargo, muchas veces nos restamos
(terca realidad que me duele)
y salió cero.

En los días buenos, como mucho, nos sumamos.
Sin hacer trampas, el único resultado
seguía siendo dos.

Yo quise poner dos barras paralelas
y tú las cruzaste con un palito
¿O fue al revés?

Mis recuerdos están contaminados.
La memoria falsea sin tregua.
Inevitables matemáticas.

martes, 9 de junio de 2009

Dolencias

Cuántas veces, ya son demasiadas veces
equivocándome.
Pensando en virus, estreptococos hambrientos
navegando mi garganta.
Esperando la fiebre, la voz queda,
anticipándome.
No son alfileres al rojo.
Ni una mano que me atenaza.

Dedos aguerridos que hurgan sin pausa.
Desde muy adentro.
Juego a ponerles nombres.
Aquel es miedo. Éste se llama rabia.
Un poco más arriba avanza la angustia.

Por la noche, cuando duermo, huyen sin rastro.
Para volver con la primera luz de la mañana.
Un buen libro también los ahuyenta,
y ese beso.

Se marcharán en unos días. Así ha sido,
así será también ahora.
Hasta otra.

viernes, 5 de junio de 2009

Blogosfera VI

Él era un pedantuelo cuyo blog albergaba frases presuntamente destinadas a esculpirse en piedra, textos recargados y hasta poemas en inglés (Things to take for granted/Poetry, love, air/Will they ever fade away). Ella escribía en público un diario para deshacerse de una obsesión.
Él tenía un promedio de treinta comentarios por entrada, mayormente peloteos descarados, y comentaba en unos cinco blogs al día, críticas aceradas, correcciones y algún interés no declarado. Ella picoteaba acá y allá, en activa y en pasiva: ni adhesiones inquebrantables ni discusiones bizantinas.

En ese mundo se conocieron y hasta intercambiaron unos cuantos correos privados al hilo de sus respectivos blogs.

Una noche en la que ella buscaba en su archivo cómo describir mejor un sentimiento, vio su nueva entrada, y le pareció muy rara. Mi goma/de color naranja pintada está/con ella borro lo que está mal/y lo dejo como tiene que estar. Comentó rápidamente si estaba malito, si tenía fiebre o algo así. Él contestó que tal vez, 39,5ºC ¿es fiebre? Ella escribió que fuera a urgencias.
Días después, tuvo un correo de su hermana, agradeciéndole el servicio prestado "gracias a tu oportuno comentario, lo han cogido a tiempo". Ella respondió cortésmente, siguió exorcizando su obsesión.
El otro blog no cambió en semanas, hasta que apareció una entrada con sólo dos palabras, literatura y muerte. Ella recibió entonces un mail deslavazado, extrañamente triste pero también insultante, que repetía una y otra vez "culpa tuya".

lunes, 1 de junio de 2009

Incredulidad

Él se definía como un hombre recto, con toda la carga del vocablo. Trabajador incansable, proveedor de servicios a mujer e hijo, chalet y asistenta. Escribía novelas vagamente eróticas con pseudónimo, que jamás publicaría, y a las que llamaba secretamente su único vicio. Era tan previsible como el sol. Todas las noches, después de cenar, escuchaba música clásica con los auriculares puestos. Por eso aquel día no oyó a los sicarios, ni los gritos de su mujer. Murió convencido de que escuchar a Wagner le provocaba unas curiosas alucinaciones.

Con el mismo título

Quinientos años atrás la habrían quemado en la hoguera entre risotadas. Ahora se limitaron a echarla de la parroquia cuando les propuso realizar un estudio científico.