
Azul
El pez que nació azul quiso desbancarse por completo de los suyos y hacerse visible, nadar solo. Pero apenas se veían dos ojillos grises destacando del fondo azul. Un viejo pulpo le habló del Mar Rojo y allá dirigió todas sus esperanzas, y media vida. Descubierto el engaño, recuperado de la frustración, fue al Mar Negro con menos alegría. Más de lo mismo. Incansable, cuando una ballena le habló del Mar Muerto, supo que tenía la solución. Ahí estaba el contraste buscado. Consiguió llegar, y su propósito. Seis minutos, exactamente.
Rojo
Sólo la sacaban de su brillante envoltorio una vez a la semana y sólo durante unos minutos. Hasta el último sábado: cansada de cercenar esos miserables pelillos, ella, que aspiraba a grandes hazañas, fue directa a la garganta del adolescente.
Amarillo
Había pedido una tutoría privada, a ver si entendía por fin qué era eso de la t de Student, imprescindible para su tesis al parecer. Su primera sorpresa fue la nueva decoración del despacho: jubilado el viejo ogro, una reproducción de “La vaca amarilla” ocupaba media pared; al bajar la vista, se encontró con la nueva profesora.
Empezó a explicarle las variables categóricas, a él se le cayó el lápiz cuando vio su dedo en la boca. Se agachó a recogerlo, enredado en la pata de la mesa, tuvo tiempo de sobra para observar qué no llevaba bajo el vestido, y dónde estaba ahora su mano. Cuando llegaron a Student, tiró el lápiz adrede para constatar que no había sido una alucinación. No lo era.
La siguiente sorpresa fue que el despacho tenía ahora sofá, donde se tumbó él con los pantalones en las rodillas, a recibir el castigo merecido por no haber hecho los deberes. Diez, palma sobre carne blanca, suaves. Después cambiaron de postura, arrugaron mucho la ropa, se sorprendieron del sabor salado, ansiaron más dedos para recorrer más piel. Descansaron al final sin separarse siquiera, hasta que la respiración volvió al ritmo normal.
El adiós fue sencillo. Aún tardaría mucho en terminar la tesis.